Las varices son venas que lucen similar a un cordoncito, a veces retorcido y con relieve en la piel. Pueden tener un color azul, rojo o de la misma piel.

Se ubican generalmente en las piernas, sobre el muslo, en su frente, en su cara interna, detrás de las pantorrillas, y en los pies o cerca de los tobillos.

Las arañitas vasculares son más reducidas que las varices. Suelen ser de color rojo con un aspecto ramificado, y se puede ver translúcidamente debajo de la piel pero sin relieve. Los lugares donde suelen aparecer son en las piernas o en la cara.

En ambos casos suelen ser asintomáticos pero se suele sentir en las piernas cansancio, dolor o pesadez.

¿Por qué aparecen?

Cuando la sangre es bombeada por el corazón transportando oxígeno y nutrientes a través de arterias por todo el cuerpo. Después la sangre se transporta al corazón a través de las venas. Estas contienen válvulas que si no cierran en forma correcta la sangre se vuelve en contra su recorrido en vez de ir al corazón. A medida pasa el tiempo se estanca sangre en la vena, realizando una presión y debilitando sus paredes. Dando como resultado que la vena aumente su tamaño.

¿Qué mujeres son más propensas a las varices y arañitas?

  • Quienes tienen antecedentes genéticos por herencia o ya las hayan sufrido anteriormente.
  • Aquellas que permanecen sentadas o de pie por más de 4 horas continuas.
  • Cuando sufren de obesidad o sobrepeso, ya que se ejerce presión sobre las venas.
  • Durante el embarazo pueden aparecer varices temporales o permanentes.
  • Durante la vejez, a causa de que se debilitan las venas y no funcionan en forma correcta.
  • A causa de usar anticonceptivos hormonales o un tratamiento con hormonas para la menopausia.
  • Debido a la existencia en tu cuerpo de alguna enfermedad que dañe las válvulas venosas.

Existen distintos tratamientos para dependiendo de la intensidad de los síntomas. Cuando estos son leves se recomienda realizar actividad física o buscar tener el peso saludable. También es útil usar medias de compresión  durante el día.

Es útil que consultes con tu médico de cabecera para que analice tu situación y te informe sobre el tratamiento adecuado. En casos más intensos, existen medicaciones o intervenciones leves para tratarlas y en casos graves se puede requerir cirugía, eliminándolas permanentemente.